¿Trabajas para vivir o vives para trabajar?

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Si aún no te has hecho esta pregunta, ha llegado el momento de que te la hagas.

Las áreas en las que todo ser humano se desenvuelve incluyen la familia, el trabajo, el área espiritual, amorosa, entre otras. Lamentablemente, en algunas ocasiones, el trabajo suele ser la más importante (recuerdo pasar más tiempo con mis compañeros de trabajo que con mi familia). Sin trabajo, no hay fuente de ingreso, sin fuente de ingreso no hay alimentación, no hay techo, no hay educación, no hay vida digna.

No hay duda de que debemos trabajar. De hecho, no hay nada más reconfortante que recibir remuneración por tus habilidades, tus esfuerzos, y tu dedicación, pero más importante aún, porque amas lo que haces, cosa que le pasa a la minoría.

Escuchar a los demás decir “amo mi trabajo”, suscita un poco de envidia, hay que admitirlo, pues no todo el mundo se encuentra conforme con lo que hace, y trabaja porque le toca, sobre todo, en un país subdesarrollado como Colombia, en donde muchas personas no viven, sobreviven.

Quiero compartirles un ejemplo personal. Estudié tres años de Derecho y decidí retirarme. Sí, increíble pero cierto. Luego de siete semestres descubrí que mi pasión no era el Derecho por más fascinante que me pareciera mi carrera. Debo admitir que no dejé de sentirme como un fracaso, incluso aún hay veces que lo pienso, pero he decidido no dejarme llevar por ese pensamiento irracional. No me cambié de carrera porque no rendí, porque era difícil o porque tuviera otras prioridades. De hecho, tenía muy buenas notas y estudiaba muy apasionadamente. Algunos cuando somos jóvenes, nos queremos comer el mundo. Yo quería ser Ministra de Defensa y a mis escasos 17 años me fui a vivir a la fría y oscura capital de Colombia, Bogotá, para cumplir mi sueño de ser abogada y entrar al encantador pero temeroso mundo de la política.

Al pasar de los años, me fui dando cuenta de lo que realmente significaba estudiar Derecho en un país como Colombia y de que mi personalidad altruista, con ganas de ayudar a las personas, no encajaba con lo que realmente quería. Y es entonces cuando decidí, trabajar para poder vivir como quiero y no vivir únicamente para trabajar, enamorándome de la psicología.

Como psicóloga, he tenido la oportunidad de trabajar con centenares de personas de escasos recursos, muchos de ellos desplazados por la violencia en Colombia. Para la mayoría de estas personas, hacer lo que aman y ganar por ello es una realidad inalcanzable y me atrevería a decir, casi imposible (aun cuando no me guste mucho esta palabra). Por fortuna siempre hay excepciones a la regla, y son estas excepciones las que me fascinan, las que todos debemos mirar y mejor aún, admirar. Pues aun cuando lo han perdido todo, hay quienes han salido adelante amando lo que hacen, o mejor aún, lo que mejor saben hacer. No son los más adinerados ni tienen cinco casas repartidas por el mundo, pero tienen algo mucho más valioso: tranquilidad.

Es importante detectar las habilidades y destrezas que nos caracterizan para así poder amar lo que hacemos. Desde pequeños vamos conociendo dichas habilidades. En mi caso, por ejemplo, no podía ser la mejor en matemáticas y sus ciencias afines, pues no tenía las mejores habilidades para ello. Sin embargo, me destacaba en todo lo que tuviera que ver con las humanidades.

Muchas madres se frustran al ver que sus hijos no sobresalen en todas y cada una de las materias que ven en el colegio. A estas madres les digo, tranquilas. La vida es un proceso y, dentro de él, existen muchas pruebas, de algunas saldremos airosos, y en otras, fallaremos. Lo importante es detectar en qué nos equivocamos y por qué, y ver cómo podemos hacer para mejorar. No se trata entonces de encontrar aquella perfección inexistente, sino de hallar lo que nos apasiona, lo que mejor sabemos hacer y ser el mejor en ello. Siempre he pensado que es preferible ser el mejor de un equipo no tan reconocido que estar en la banca del mejor equipo.

Si bien es cierto que existen habilidades que se pueden desarrollar a lo largo de los años, hay otras con las que nacemos. Hay talentos innatos como Messi y talentos más desarrollados como Cristiano Ronaldo. No se frustren si sus hijos no logran ser los mejores en todo, ayúdenlos a ver qué pueden hacer para mejorar y refuércenle aquello en lo que sobresalen más, esto los llevará a ser amantes del trabajo y no sobrevivientes del mismo.

La tendencia del ser humano es a estar insatisfecho y querer siempre más de lo que ya tiene, ya sea por narcisismo o por afán de aparentar. Lo anterior, puede conllevar a la famosa adicción al trabajo. Porque sin duda, sí es una adicción al igual que cualquier otra, con repercusiones negativas como altos niveles de ansiedad, estrés, riesgo de alcoholismo, enfermedades cardiovasculares, incapacidad para establecer vínculos afectivos, irritabilidad, mal humor, y en casos extremos, la muerte (los japoneses lo denominan Karoshi, muerte por exceso de trabajo), las cuales terminan afectando no solo a quien la padece, si no, a todos sus familiares.

Es importante entonces imponerle un límite a este pensamiento de querer siempre más y más y encontrar un balance. La pareja no se fortalece saludándola únicamente por las mañanas; los hijos no se educan solos y en un abrir y cerrar de ojos ya están, yendo a discotecas y viviendo fuera de casa; el libro que quieres leer hoy de pronto mañana no te interesa; tu jefe no será quién te acompañará en todas tus batallas y tus verdaderos sueños no se van a cumplir si únicamente trabajas y acumulas, ¿pues en qué momento disfrutarás y con quién?

Vivimos en una sociedad en donde la apariencia lo es todo, pues hay personas que viven solamente del qué dirán y malgastan sus energías agradando al otro. Son capaces de trabajar en cualquier cosa sin quererlo y aceptar fuertes humillaciones, por el simple hecho de ganar prestigio dentro de su pequeño círculo social y poder acumular siempre más y más.

Trabajar para llevar una vida sana y agradable no es tarea fácil, si todos los días te levantas frustrado y con una gran amargura porque no estás conforme con lo que haces. Así solo terminarás alejando a todo a quien esté a tu alrededor y te perderás de las pequeñas cosas de la vida que aun cuando parezcan insignificantes, son las que le dan sentido a la misma.

Con lo anterior no quiero decir que deban retirarse de sus carreras o de sus trabajos, pues hay personas que sueñan con emprender y otras que son el activo más valioso que tiene una empresa. De lo que sí estoy convencida es de que debemos encontrar aquello que nos apasiona, aquello que le de sentido a nuestras vidas, eso que nos hace sentir orgullosos de nosotros mismos sin importar la opinión de los demás, esa destreza que sólo nosotros tenemos, la cual nos hace únicos y diferentes, y aquello que nos va a ayudar a enfrentarnos a este difícil e incomprensible, pero encantador mundo, trabajando en lo que deseamos, para llevar la vida que soñamos.

Autor: laventanaamilocura

Cotidianidad y Psicología.

2 comentarios en “¿Trabajas para vivir o vives para trabajar?”

  1. Con los años te das cuenta de que no se necesitan tantas cosas. Te das cuenta de que puedes vivir mucho más feliz con menos. Te das cuenta de que lo realmente importante es eso… vivir. Yo, hoy día trabajo para vivir, me he dado cuenta de que no necesito trabajar 40 horas semanales, que con 20 tengo suficiente. Hace un año sobreviví a un accidente de tráfico y eso me hizo replantearme mis prioridades. En ese momento te das cuenta a quién quieres, quién te quiere y qué es lo que merece realmente la pena.
    Un saludo, nos leemos.

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