Todos somos neuróticos

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Para Freud, la ansiedad es el precio que pagamos por la civilización. Todos en algún momento de nuestras vidas, o en la mayoría de ella, hemos experimentado este peligroso pero salvador estado. Para muchos la ansiedad es algo temible, pues en ocasiones puede llevarnos hasta la muerte, pero sin ella, no podríamos reaccionar ante un peligro inminente. La clave está en saber manejar los niveles de ansiedad para utilizarla de manera asertiva ante cualquier eventualidad, evitando que nos controle de manera negativa durante situaciones amenazantes, trabajo que, no les voy a negar, es bien difícil.

La ansiedad tiene varias formas de actuar y nosotros tendemos a utilizar lo que Freud denominó, los mecanismos de defensa. Así, reprimimos aquellos pensamientos que nos generan ansiedad; regresamos a aquel momento de la infancia que nos generó placer cuando estamos ansiosos; proyectamos en el otro aquello que es realmente nuestro; racionalizamos, justificando nuestro actuar, desplazamos o desviamos nuestros impulsos agresivos o sexuales hacia otros objetos o personas, entre otros mecanismos, que, al fin y al cabo, nos llevan a un autoengaño. Lo curioso es que la ansiedad no va a desaparecer, pues nos estamos defendiendo de ella, más no la estamos eliminando.

Cuando se nos presentan situaciones adversas y no sabemos responder ante ellas, ya sea porque no tenemos las herramientas o porque simplemente estamos en negación, podemos experimentar estados de ansiedad de tipo neurótico y en ocasiones, incluso psicóticos. No quiero decir con ello que todos padecemos de un trastorno psicológico el cual nos va a llevar a la locura, pero sí es cierto que todos en nuestro día a día experimentamos distintos estados, teniendo en cuenta nuestro tipo de personalidad.

Muchos en alguna ocasión se habrán asustado con el simple sonido de una brisa; otros, habrán roto algún objeto luego de una discusión; habrá quienes hayan mentido para no expresar lo que realmente sienten; otros no querrán salir de su cama durante varios días, sumidos en una temible depresión.  Algunos se habrán entregado con locura al alcohol o a las drogas para evitar sentir aquello que duele. No faltarán los que habrán tenido pensamientos suicidas, o quienes hayan pensado en hacerle daño a alguien.

Así mismo, hay quienes han sentido tristeza profunda luego de terminar una relación amorosa o luego de la muerte de un ser querido, actuando de una manera irracional; otros, habrán sentido rabia intensa contra aquel que le hizo daño, alimentando su sed de venganza; algunos habrán gritado tan fuerte hasta exaltar sus pulmones; muchos habrán sentido brotes extremos de felicidad, actuando de una manera incomprensible…

Podría continuar así enumerando múltiples ejemplos de lo que nos hace a todos un poco neuróticos, pero me gustaría que se preguntaran, ¿qué es la normalidad? Al igual que la perfección, es algo inexistente y si seguimos tratando de encontrarla, jamás viviremos conformes con lo que tenemos y no llevaremos nuestras habilidades a su máximo potencial.

Se han preguntado ¿cuántas veces hablan de otras personas y terminan encontrando, la mayoría de las veces, un, ‘pero’, para describirlas? “Pues Pablo es guapísimo, pero es obsesivo”, “María es divertida, pero es bipolar”, “Carla es noble, pero es depresiva”, “Juan es encantador, pero es límite”, “Marina es delgada, pero es ansiosa”, “Sofía es inteligente, pero es paranoica”. Siempre encontramos ese algo que no hace perfecto al otro y resulta que justamente ese algo es lo que nos hace únicos, ya sea de manera positiva o negativa.

En ocasiones, encontramos en los demás ese ‘pero’, ya que no estamos conformes con nosotros mismos. Vemos en el otro aquello que nos gustaría ser o tener y es entonces cuando comienzan las críticas que, en su mayoría, terminan siendo destructivas y no lo contrario.

Por desgracia, estas críticas no hacen referencia solo a las demás personas, pues al compararnos con el otro, nos autodestruimos soñando con tener aquello que creemos que les sobra a unos y nos falta a nosotros. Lo anterior puede llevarnos a experimentar altos niveles de ansiedad, pues qué agotador es estar pendiente de lo que no tenemos, envidiando aquello que desearíamos tener.  Recuerden que la envidia mata, y las comparaciones, enferman.

Es importante tener claro entonces cuáles son aquellos aspectos positivos de nuestra neurosis o de nuestro tipo de personalidad y trabajar en los negativos, pues aun cuando la perfección no exista, podemos rescatar lo positivo y llevarlo a su máximo potencial y controlar, o cambiar lo negativo, y lograr un balance que nos ayude a llevar una vida sana.

Para ello debemos detectar cuál es nuestro tipo de personalidad. Aquella que nos lleva a actuar de cierta manera ante situaciones estresantes, pues no todos vamos a reaccionar de igual forma ante una pérdida, ante un peligro inminente o ante el simple sonido de la brisa. De hecho, ni siquiera sabemos cómo vamos a reaccionar ante una situación amenazante que jamás hayamos vivido, lo que sí debemos tener claro, son las herramientas que tenemos para afrontarla.

Hay reacciones que son más llevaderas o lo que coloquialmente hablando se llamarían normales, y otras que pueden parecer excesivas. Sin embargo, no existe una reacción buena o mala, pues cada quién actuará de la manera que sabe, la cual le ha ayudado a defenderse a lo largo de los años, pues todo se basa en una estructura creada desde la infancia, que se va moldeando con el tiempo y con las experiencias aprendidas…

Al conocernos realmente a nosotros mismos, y mejor aún, al aceptarnos, lograremos aminorar el término neurosis, pues entenderemos que todos hemos experimentado y seguiremos experimentando el temible estado de ansiedad y lo manejaremos dependiendo de nuestra estructura de personalidad. De esta forma sabremos el porqué de nuestro actuar y trabajaremos para corregirlo y lograr tener, hacer o decir, aquello que siempre hemos querido, pero que tanto hemos evitado.

¡Acéptense con todo y su neurosis, de lo contrario, nadie más lo hará!

 

Autor: laventanaamilocura

Cotidianidad y Psicología.

6 comentarios en “Todos somos neuróticos”

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